Conflictos habituales entre los socios de una empresa | Sociedad Limitada y Anónima

Conflictos habituales entre los socios de una empresa | Sociedad Limitada y Anónima

Download PDF

El origen familiar o la conexión cercana de los implicados en la constitución de una Sociedad Limitada suelen ser los orígenes de la mayoría de los problemas que afrontan los administradores de este tipo de entes jurídicos, especialmente, cuando aparecen los problemas financieros. Anteponer los intereses personales a los de la empresa, el reparto ineficaz de las tareas o la inexperiencia a la hora de lidiar  con los conflictos derivados de la asociación suponen unos cismas ejecutivos que resultan difíciles de conciliar sin la ayuda de una fuente mediadora.

Por otro lado, dentro de la nueva cultura empresarial, encontramos estrategias que se revelan como definitivas para prevenir las desavenencias y orientar los esfuerzos de forma colectiva. Avanzar en la misma dirección no siempre resulta sencillo. Sobre todo, cuando se tienen conceptos diferentes del tipo de actividad empresarial que va a desarrollar nuestra empresa, pero es importante destacar el valor del trabajo en equipo y asumir las competencias justas, así como respetar las de los demás.

En el caso de la Sociedad Anónima, quizás por su mayor envergadura y el origen estrictamente profesional de la relación entre sus miembros, se previenen las incidencias personales. Por el contrario, los conflictos atienden a razones estrictamente financieras y que pueden estar relacionadas con la influencia como accionistas, el reparto de beneficios  o su conexión más o menos arraigada con el Consejo de Administración.

 

Las relaciones entre socios

Manos

Cuando se constituye una sociedad limitada, son muchos los retos que se plantean de forma repentina y la propia definición inicial de los estatutos puede comprometer la buena marcha de la relación laboral entre sus miembros. Uno de los aspectos más cruciales a los que se enfrenta una joven iniciativa empresarial son el reparto de tareas y la adjudicación de los puestos organizativos.

En un principio, podríamos pensar que esta selección se hará según los talentos o campos de especialización de los asociados, pero la realidad de una sociedad limitada es que el reparto de roles no suele estar basado en un profundo análisis de las capacidades de cada uno de sus miembros. Esto, unido a la falta de experiencia en la administración de empresas, puede suponer el caos absoluto de cara a llegar a un entendimiento general de los socios en el futuro.

Es muy recomendable, por tanto, tener alguna experiencia previa en la administración de empresas, antes de invertir nuestro dinero en un proyecto que nos puede venir grande. Atribuir el papel de administrador de la sociedad a un tercero cualificado para ello nos garantizará una gestión eficiente de la compañía y es un valor seguro ante cualquier problemática, dada su independencia de las aportaciones de capital. Su nivel de objetividad, cuando se trata de velar por el interés de la asociación,  es díficil de igualar por un miembro implicado de forma financiera.

 

Conflictos habituales

Mano apretando pelota anti estrés

Los problemas más habituales que suelen presentarse derivan de la relación existente entre los  socios y el capital social, así como de su mayor o menor influencia en la administración de los bienes de la empresa. Establecer una línea de actuación desde el inicio es lo más propicio para garantizar el derecho de cada socio en la sociedad. El problema consiste en definir qué parte de ese derecho a intervenir en la gestión de la empresa proviene de la aportación de capital y cuál  está  enraizado en las tareas propias del cargo empresarial, por ello debe definirse cada detalle en los estatutos societarios desde el principio.

Otro problema muy frecuente es la invasión del terreno profesional de otro miembro. En la regulación de las sociedades mercantiles, está prevista la inclusión de una cláusula en los estatutos que regule las funciones de cada uno de los socios, de tal manera que será posible excluir a un socio que se extralimite o no respete el acuerdo inicial en materia de competencias.

 

Terminar la relación mercantil

Cuerda a punto de romperse

A veces es la propia iniciativa de algún socio de la sociedad limitada o anónima el punto de inicio de los conflictos entre socios al pretender separarse de la sociedad y terminar la relación con el resto de socios. Si ello se lleva a cabo de la mejor manera, es decir, en condiciones de legalidad y de mutuo acuerdo, no supone una experiencia muy traumática para la continuidad del negocio;  pero, en caso contrario, será la empresa la principal resentida por las malas prácticas de los socios.

Actuar de forma desleal o forzar una situación de infidelidad empresarial se revelan como unas causas comunes   de conflicto. Principalmente, debidas a que   el socio que empieza a pensar en un nuevo proyecto   suele dejar de interesarse por la marcha de la sociedad e, incluso, se beneficia   de su estatus de socio para negociar a espaldas de sus otros asociados con terceros. Por ejemplo, en el caso de que exista una acusada actividad comercial, los  activos más valiosos de los   que puede disponer un socio que pretenda salir de la sociedad son los clientes ganados como consecuencia de los esfuerzos de todos los socios. La negociación de nuevas condiciones de descuento o el ofrecimiento de servicios cotizados a la baja, en función de los precios de la empresa primaria, se consideran las dos prácticas más habituales a este respecto.

Otro caso muy habitual es la valoración de las participaciones sociales (o acciones, en el caso de las Sociedades Anónimas)  para establecer el precio de venta de la parte en poder del interesado en seguir su camino en solitario. Hay muchos métodos que garantizan la creación de un balance justo a la hora de repartir el pasivo, pero en todos ellos es básico comprender la depreciación del inmobilizado y asumir las posibles pérdidas inherentes a la inversión de capital.

 

El poder de la comunicación

shutterstock_38623492

Es imprescindible, para resolver los conflictos latentes entre asociados, potenciar el papel de la comunicación y aprender a empatizar con la situación, tanto personal como financiera, de los miembros de la sociedad. Bien es cierto que, una vez surge el conflicto, resulta extremadamente difícil  ponerlo en contexto y tratarlo con la lógica que requiere cualquier situación económica.

Invertir en la prevención de situaciones de desentendimiento necesita, primero, del reconocimento del valor de la comunicación; y, segundo, de la aplicación de la inteligencia corporativa. Es decir,   la mejora de los canales de comunicación entre los socios siempre debe ser una prioridad en la que, si es necesario, habrá que realizar una inversión para reforzarla. Los servicios jurídicos están  al alcance de cualquier empresa, indistintamente de su tamaño.

El contar con abogados especializados en el asesoramiento a empresas no solo previene los problemas de falta de entendimiento desde un inicio, sino que propicia el ambiente  perfecto para aprovechar las oportunidades empresariales que se nos presentan. Un equipo bien orientado proyecta una imágen de garantías que nuestros clientes pueden percibir o no, pero seguro que tendrá una influencia positiva en la marcha de los procesos empresariales. Reconocer el valor de las ideas ajenas, mostrar satisfacción ante las actuaciones de los demás socios y asumir nuestras tareas con humildad y rigor son las mejores maneras de prevenir las desavenencias.

 

La ayuda exterior

Manos sujetando una tirita. Solución de conflictos. Abogados

Los abogados pueden actuar como mediadores en esta clase de situaciones, cuya filosofía de trabajo sea hacer hincapié en la necesidad de centrar todos los esfuerzos en sanear las cuentas de la compañía, en lugar de perder el tiempo en mezclar cuestiones de índole personal, así como otras demandas internas que perjudican el objetivo común de la rentabilidad económica. Como decíamos antes, es precisamente la mala marcha del negocio lo que despierta las primeras tensiones. Este tipo de mediación y prevención jurídica desde un inicio va a propiciar que en cuanto aparezcan los primeros problemas se devuelve el balón al campo de juego y se centren los esfuerzos en resolver   las ineficiencias que, por una causa u otra, han llevado a la empresa a una situación de caos de la que es prioritario salir para salvaguardar el capital aportado   y, en última instancia, las opciones de seguir operando en el futuro.

Por último, destacamos la importancia de tomar perspectiva una vez se han presentado los conflictos, pues se deben revisar bien las opciones  y mantener las actuaciones personales dentro de la legalidad. Una actuación impulsiva  tan sólo va a respaldar la mala opinión que tengan nuestros socios de nosotros mismos y es un camino sin retorno que puede acabar con una buena oportunidad de negocio en la que hemos invertido tiempo, dinero e ilusión.

Calderon Corredera Abogados

Comments are closed.