El Abogado en la Sala de Audiencia. Una intervención que no a todos los abogados sienta bien.

El Abogado en la Sala de Audiencia. Una intervención que no a todos los abogados sienta bien.

Download PDF

Durante el siglo XX la intervención del abogado ante los Tribunales  lo era a través del medio escrito. La intervención oral quedaba relegada al ámbito penal y laboral con exclusividad. La excepción en otros órdenes era inusual, salvo en materia de recursos de apelación en el orden civil, los cuales se viabilizaban por un trámite exclusivamente de intervención oral ante el Tribunal superior.

La Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000 supuso el despegue de la intervención oral de los abogados en el procedimiento civil en primera instancia, aunque anulando la intervención oral en la segunda instancia. Esta oralidad se trasladó a la Ley de Jurisdicción Contencioso-Administrativa. De cualquier manera, la intervención del abogado en las salas de audiencia de los Juzgados  y Tribunales de Justicia es, en la actualidad, una realidad incuestionable y aceptada.

Este cambio ha supuesto, en la práctica, la partogénesis de un abogado que se va especializando en la intervención ante las Salas de Audiencias de los Juzgados. Bien es cierto que cabe recordar aquellos abogados que cursaron su intervención en los Juzgados denominados de Distrito, y que la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 extinguió. En estos Juzgados de Distrito intervenían, a diario, abogados que hacían uso de la oralidad, de manera única y exclusiva. Oralidad que luego se extendía ante los Juzgados de Instrucción por vía de recurso de apelación. En estos Juzgados la oralidad era usada, de igual modo, por los Jueces y Fiscales. Pues bien, estos Juzgados de Distrito fueron una fuente de experiencia de la oralidad para todos aquellos que pasaron por sus salas de audiencias. Esta fue la auténtica Universidad y curso de prácticas para todos ellos. Algunos de ellos los encontraréis recorriendo los pasillos de los Juzgados actuales, siendo un placer escucharles en sus intervenciones en el estrado.

¿Qué es lo que tenían estos abogados que los distinguía? El saber usar la palabra hablada. El saber exponer en breves momentos la defensa de su caso. Si tenemos en cuenta que un Juzgado de Distrito, cuando entendía del orden penal,  tenía en sus listas de audiencias (al menos en Madrid) unos cuarenta juicios (sin exageración) con una diferencia de cinco minutos entre cada uno, nos podemos dar idea de cómo la mente del abogado tenía que aprender a funcionar.

Enlazando este pasado con nuestra idea inicial, la de la intervención oral de los abogados en prácticamente todos los órdenes jurisdiccionales, nos encontramos con abogados que, pese al tiempo empleado en la preparación de su intervención, obtienen un resultado no deseado, por no decir negativo. Y es que, hoy día, un juicio no sólo es preparación previa de las pruebas, sino de la propia intervención del abogado en la sala de audiencias, haciendo olvido del miedo o de los nervios previos o durante el desarrollo del juicio. Esa intervención es un rol que no todos dominan y que no todos llegarán a dominar.

La intervención en estrados no es para todos los abogados, ni todos los abogados están para las salas de Justicia. Si acudimos a Estados Unidos veremos que el abogado que está presente en los pasillos de los juzgados es un abogado especial, llamado propiamente- litigante. En la tradición legal del Common Law se distingue al solicitor del barrister, siendo este último el que se presenta ante el Tribunal.

Los abogados debemos comenzar a pensar que, si vamos pasando de  la dedicación general a todos los ámbitos del derecho a determinados campos y especialidades, debemos comenzar a aceptar que no a todos los abogados les sienta bien la intervención en una sala de audiencias, bien por falta de experiencia, por inadecuación o por falta de dotes personales, que no profesionales. Y, debemos comenzar a pensar en la aceptación de una especialización de abogados litigantes en las salas de audiencias de los Tribunales y Juzgados, sin que ello signifique detrimento profesional para el resto de abogados que no intervengan.

Luis Alberto Calderón Corredera