La responsabilidad de los patrocinadores en los deportes extremos

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La semana pasada rellené mi inscripción en una de las carreras de obstáculos que se va a celebrar, dentro de unos meses, por primera vez en España. En Estados Unidos se puede decir que este tipo de carreras ya están consolidadas,  pues cuentan con miles de adeptos, que les apasionan este tipo de retos, pues suponen un desafío personal e invitan a superarse a uno mismo; mientras que en el resto de Europa está en auge esta “moda”, hasta el punto que ya ha llegado a nuestro país.

La redacción de este artículo tiene su origen en el momento en que he de realizar la inscripción como corredor, debo aceptar, si quiero participar, la renuncia de mis derechos a reclamar ante cualquier tipo de responsabilidad que pudiese surgir de mi participación en el evento, tanto al patrocinador, que es una reputada marca comercial, como al organizador de la prueba. Esto no resulta novedoso, pues ocurre de la misma manera en otras pruebas deportivas o actividades que podríamos considerar extremas o con algún tipo de riesgo.  De ahí, que me surja la siguiente cuestión: ¿Pueden suponer los “deportes extremos” una “responsabilidad extrema” a los patrocinadores?

Los deportes extremos son cada vez más accesibles en nuestra sociedad y han experimentado un crecimiento exponencial en las dos últimas décadas.  El equipo Red Bull es un ejemplo de concentración de estos deportistas extremos, que ha demostrado el poder comercial de estos deportes, pues ya son conocidas por todo el mundo, poco a poco van sonando en España, competiciones como la Red Bull X Fighter, que este año se celebrará en Osaka, se trata de una competición de motocross, de estilo libre, donde los giros de 360 grados están asegurados; igualmente, podríamos hablar de la Red Bull Cliff Diving, donde los saltadores llegan a alcanzar los 85 Km/h desafiando las leyes de la gravedad; así como de otras muchas pruebas deportivas extremas

Sin embargo, si dejamos a un lado la evidente fortaleza comercial del sector, se hace necesario poner de manifiesto la reciente aceptación de los deportes extremos por el movimiento olímpico. Ello suma importancia al reconocimiento de verdaderos esfuerzos deportivos que se hacen posibles gracias a unos atletas altamente cualificados. Tenemos de ejemplo los ciclistas de BMX, que hicieron su debut en los Juegos de Beijing en 2008 o el “Ski-Cross” (esquí freestyle) y “Halfpipe” en la modalidad de snowboard, que forman parte de la lista de los Juegos Olímpicos de Invierno. Al haber pasado a formar parte de los Juegos Olímpicos algunos de estos deportes extremos, con total seguridad que la lista de éstos irá incrementando y continuará creciendo en un futuro próximo.

Red Bull consiguió crear una gran expectación por su patrocinio del salto, desde la estratosfera, del autriaco Felix Baumgartner, en octubre de 2012, con lo que quedó constatado lo lucrativo que puede resultar un deporte extremo para la industria comercial. Las principales marcas comerciales desean formar parte de la acción, con los beneficios que suponen una mayor comercialización de su imagen y definirse como marca; en cambio, los patrocinadores están expuestos a una serie de riesgos que requieren de un riguroso examen y concienzudo análisis. Algunos de esos riesgos son comunes a casi todos los acuerdos de patrocinio.

Por ejemplo, el hecho de mantener la exclusividad  de un deportista de esta índole con la marca supone un gran reto, pues teóricamente para maximizar los ingresos de patrocinio y publicidad, se le debe explotar comercialmente de modo exclusivo. Obviamente, siempre está la posibilidad de categorizar hasta el máximo resquicio contractual. No tenemos una categoría de “alimentos”, sino que éstos se engloban en diferentes subcategorías, como pueden ser los alimentos precocinados, alimentos enlatados, alimentos ecológicos, suplementos alimenticios, etc. De ahí, que garantizar la exclusividad pormenorizada de la marca pueda suponer que la inversión de un patrocinador no se vea diluida y represente una buena inversión en términos de calidad precio, garantizando un alto retorno publicitario.

Por otro lado, la protección de la reputación y la buena voluntad de la marca del patrocinador suponen un desafío más agudo, si cabe, en este sector. El deporte extremo, por su propia naturaleza, supone superar los límites y batir records, pero el marcado carácter de los deportes extremos provoca que atraiga a aquellos atletas que frecuentemente no se ajustan al prototipo marcado y políticamente correcto que desean los medios de comunicación, más cuando de por sí estamos hablando del adjetivo “extremo” del deporte, al que algunos intentan denostar relacionándolo a aquellos deportistas con apariencia física extravagante, inclusive con consumidores de drogas recreativas, cuando ello ocurre igualmente en otro tipo de deportes, a los que estamos  socialmente acostumbrados, ¿Acaso alguien puede poner en duda la extravagante apariencia física y las fiestas que organizan los jugadores de fútbol?

Los participantes de motocross, skate, snowboard, etc; representan una subcultura identificable con sus propios valores, que tienen como base unos fans que requieren ser considerados cuidadosamente, desde una perspectiva de la marca, antes de comprometerse con el propio mercado. Este riesgo puede mitigarse con la debida diligencia, pólizas de seguro y tener una estrategia de emergencia para redirigir cualquier situación de riesgo que se presente.

Imaginemos que el salto de Félix Baumgartner hubiese acabado  con un final trágico ¿Cuál habría sido el impacto sobre la imagen de Red Bull? Desde un punto de vista, habría quién pensase que Red Bull no tendría asociada una mala imagen tras ese supuesto incidente, pues el propio deportista asumió y era conocedor del riesgo, incluso yendo un poco más allá y rozando el disparate, habría quien identificase el morbo de la situación generada al éxito de la marca, por lo que en cualquier caso saldría reforzada la imagen de Red Bull.

Sin embargo, por otro lado, como abogados de la empresa patrocinadora de un evento deportivo o deportista de ésta índole es necesario que dispongamos de un plan alternativo para reaccionar en el peor de los casos. Si los patrocinadores desean continuar adelante con el patrocinio, a pesar de conocer la probabilidad de que el resultado final de la realización de un evento pueda suponer una situación no deseada para la marca, será un factor determinante el hecho de haber redactado y adicionado previamente en el contrato una cláusula de rescisión del mismo. De tal modo, que así los patrocinadores no vean como inversiones que, en ocasiones, superan con creces millones de euros se diluyan desembocando en una mala imagen para la marca. Los patrocinadores deben centrar su atención en transferir la responsabilidad al organizador del evento, lo que ocurre es que frecuentemente, como ocurre en el caso de la carrera de obstáculos en la que participaré, éstos últimos tratan de desplazar el riesgo y responsabilidad a los propios deportistas, en forma de renuncia.

Lo que no está nada claro, primero, es que la eficacia de una cláusula de este tipo suponga la descarga de responsabilidad del organizador del evento y/o patrocinador y, segundo, si los atletas valoran el riesgo al que se están inscribiendo realmente. Es un error común pensar que la obtención de una exención de responsabilidad firmada por los participantes proporciona una protección completa ¿ El atleta realmente sabe lo que está firmando o aprecia los riesgos a que se está sometiendo?

Aunque no siempre resulta obligatorio, sería prudente y conveniente que el organizador del evento o patrocinador adoptasen medidas razonables con el fin de informar a los atletas y señalarles claramente las cláusulas de exclusión que están firmando. Ello no sólo supone una responsabilidad ética, de tal modo, que los participantes sepan a qué atenerse, sino que además aportará un criterio de proporcionalidad y razonabilidad de cara a cualquier contienda judicial que se presente en el futuro. Aunque, en la práctica ocurre justo todo lo contrario, es fácil que veamos, en esta clase de contratos, como las partes intervinientes intentan pasar la responsabilidad del uno al otro, como si se tratase de pasarse una patata caliente: Del promotor  al organizador del evento, en forma de cláusula de supresión de responsabilidad del patrocinador, y del organizador del evento al atleta, en forma de renuncia de sus derechos.

El primer paso, consistiría en determinar contractualmente la responsabilidad, en cada una de las funciones, de las respectivas partes intervinientes: patrocinador, organizador del evento, titular de los derechos deportivos y atletas. Lo habitual y la forma más simple sería determinar que el patrocinador es quien pone el dinero y permite que se exponga su nombre en la organización de un evento, a cambio de que éste, titular de los derechos de los atletas, deba asumir la responsabilidad derivada del evento. En consecuencia, un contrato de patrocinio bien redactado requerirá que el patrocinador exija al titular de los derechos para organizar un evento el cumplimiento de todas las leyes, que lleve a cabo todas las comprobaciones y garantías de seguridad necesarias; inclusive, podría adicionarse una cláusula penal, de tal modo que el patrocinador sea indemnizado en caso de que éste sea reclamado judicialmente por cualquier suceso ocurrido en el evento. La indemnización es fundamental, ya que cuando aparecen perjudicados éstos siempre tienden a reclamar a la parte con mejor posición económica, que normalmente va a ser el patrocinador.

Los precedentes jurisprudenciales en nuestro país son escasos, por no decir nulos, en lo atinente al sector de los deportes extremos, aunque es más que probable que se vaya evolucionando en esta materia.

Por consiguiente, a modo de sugerencia, lo ideal sería buscar un enfoque más colaborativo entre las partes intervinientes en este tipo de contratos, ya que los deportes extremos son diferentes a los deportes convencionales en donde las fronteras están mucho menos definidas. Tanto el organizador del evento o el patrocinador deben evaluar y gestionar cuidadosamente dónde reside su responsabilidad , sin embargo , ante una falta de límites definidos, lo ideal sería que, en lugar de pasar la responsabilidad, como si de una pelota se tratase, los unos a los otros, tanto el organizador del evento, patrocinador y el atleta trabajasen juntos con el fin de acotar y poner límites a esa responsabilidad con el fin de impulsar su deporte, pues al final todos dependen unos de otros para alcanzar el éxito.

Alberto Pérez-Calderón Corredera